• Luce sucia, con las bancas y barandales de cantera y de hierro rotos y con el pavimento destrozado
• La falta de alumbrado y de vigilancia la convierte en un sitio inseguro, que se presta para los asaltos, incluso durante el día
La Alameda Juan Sarabia, que llegó a ser uno de los sitios más emblemáticos de capital y lugar del paseo familiar por excelencia de la sociedad potosina, así como de visita obligada para los turistas nacionales y extranjeros, que se quedaban maravillados por su belleza y esplendor, hoy luce en el más completo abandono y durante la noche representa un auténtico peligro para la seguridad de la persona que se atreve a transitar por sus destruidos y oscuros pasillos, varios de ellos convertidos en trampas por alcantarillas rotas o destapadas que han hecho caer y lesionarse a más de una persona.
Durante un recorrido por la Alameda ubicado en pleno centro de la ciudad, dentro de una de las zonas vehiculares más transitadas de la capital, se pudo detectar un deterioro importante en su infraestructura, en donde las condiciones en las que guarda este sitio histórico para los potosinos es por demás deplorable, no hay bancas, hay mucha suciedad, con el pavimento destrozado y por las noches la queja es constante ya que por la falta de seguridad y alumbrado han asaltado a personas aún a plena luz del día.
La primera impresión que se lleva la persona que visita o recorre la Alameda es el de un lugar descuidado, lleno de basura, con la cantera afectada por las heces de las aves, con sus barandales de cantera vandalizados o semidestruidos, lo mismo que los de hierro forjado, que además representan un peligro para los peatones, ya que muchos de ellos presentan las varillas dobladas hacia las zonas peatonales.
Los jardines están descuidados, sin pasto, además de que existe maleza en los cruces peatonales, con las bancas de cantera rotas y pintarrajeadas, mientras que las de fierro están despintadas y las faltan los tablones de madera. Faltan papeleras para depositar la basura y si se voltea hacia arriba se puede apreciar las lámparas rotas o con los focos fundidos.
Un espectáculo triste lo representa el lago de los patos, con apenas agua, sucia, turbia, de color verde, donde sobreviven algunas de estas aves, que antes abundaban por los jardines de su alrededor. Es el único sitio que aún tiene agua, pues el estanque que en antaño fue criadero de peces permanece seco y con basura, lo mismo que la fuente, que llegó a ser uno de los referentes de la Alameda.
En lo que se refiere al kisoco y al faro, estos lucen en el más completo abandono, el primero con los barandales de hierro destrozados, vandalizado, mientras que el segundo aún muestra signos de su grandeza, más sin los vitrales que lo caracterizaron. Quienes han corrido con mejor suerte en el monumento a Miguel Hidalgo, obra del Ingeniero Pedro Patiño Ixtolinque, el cual al menos una vez al año recibe manteamiento, para que luzca “presentable” en la ceremonia que se realiza el 16 de septiembre, con motivo de la Independencia de México; no ocurre lo mismo con los de Manuel José Othón y Juan Sarabia.
El abandono de la Alameda por parte de los pasados Gobiernos ha hecho que el parque haya dejado de ser un punto de reunión familiar, fines de semana y días festivos luce sin afluencia de personas, pues las familias saben que por la falta de vigilancia es un sitio que se presta para los asaltos, incluso a plena luz del día.
La Alameda Juan Sarabia, uno de los sitios más emblemáticos de San Luis Potosí, merece y debe ser rescatada, para que retorne al esplendor que en antaño la caracterizó y vuelva a convertirse en un sitio de sano esparcimiento y lugar de reunión familiar.





